El culo Hannelack, o cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar mi trasero

I am thrilled to announce the publication of the Spanish language translation of my humorous erotic short story The Hannelack Fanny, Or How I Learned to Stop Worrying and Love My Rump. Translated by Helen Rodriguez Gonzalez.

***

Un fin de semana, unos pocos meses después del glorioso despertar de mi trasero, John y yo fuimos en un viaje por carretera. Me incliné a ambos lados y levanté mi falda hasta mis caderas para que pudiera descansar su mano en mi culo mientras conducía. El sol entraba a través del techo corredizo abierto y mi trasero se sentía cálido a pesar de su casi desnudez. ¡Cómo disfrutaba de esa sensación ahora!

De repente, el claxon de un tráiler sonó.

“¡Oye!”, oí a un hombre gritar. “¡Eh, gran carga!”

Hace un año, me habría mortificado. Ya no.

Voltee a mirar. Un semirremolque viajaba junto a nosotros. El copiloto me miraba el culo desnudo. El conductor se inclinaba, tratando de alcanzar a ver.

“¿Les gusta lo que ven, chicos?”, grité, moví mi cuerpo en el asiento para que mis nalgas se sacudieran.

“¡OOOOH-EEEEH! ¡Agita ese culo, mami! ”

En ese momento, algo se apoderó de mí. Era como si la bestia que por tanto tiempo había sido enjaulada en mi trasero, finalmente, se había liberado. Quería salir. Completamente.

Desabroché el cinturón de seguridad y salté a mi asiento. Me deslicé con esfuerzo a través del techo abierto, todo y culo. Me bajé la ropa interior, levanté mi falda, y me mostré al mundo. Hasta la última pulgada que se sacudía en mí.

“¡Miren mi culo!”, grité, golpeándolo duro con la palma. “¡Miren mi culo!”

Rebotaba, saltando arriba y abajo en el mismo lugar, y mi culo, tan inmenso como era, también rebotaba; su gordura aterrizaba en el techo caliente del auto para luego regresar hasta la cintura con alegre ritmo, mientras lo señalaba y reía.

“¡Miren mi culo!”

***

La vida de una joven mujer cambia para siempre cuando descubre lo que todos a su alrededor han sabido desde el principio: que un famoso rasgo familiar ha vuelto a aparecer en un lugar muy lamentable –su propio trasero. Sigue su camino desde la vergüenza, a la aceptación, hasta la desenfrenada alegría, a medida que aprende a apreciar las maravillas de ir por la vida con el culo Hannelack.

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3 thoughts on “El culo Hannelack, o cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar mi trasero

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